sábado, 28 de febrero de 2015


Después de la tormenta, 
siempre viene la calma.
Después de encontrarse 
en la oscuridad más profunda,
el más fino rayo de luz deslumbra,
como si el Sol repentinamente
sustituyese la Luna.

Después de la tormenta
se distancian las nubes negras,
la oscuridad se vuelve luz
y los corazones de nuevo bombean,
ahora a paso tranquilo,
alimentando los músculos al ritmo
de las olas de un mar en calma,
del azul de un cielo segundos tras el alba.

Unos pulmones que recogen,
inspiran y expiran el aire,
agradeciendo cada bocanada
como si por siglos se ausentaran.
Saboreando cada inspiración,
deleitándose con cada espiración,
compenetrándose en una canción,
música de la relajación,
inaudible a los oídos 
pero alta y clara al corazón.




La posibilidad de perderte
cegó todo mi mundo
paralizando mis órganos
con un miedo absoluto


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