domingo, 2 de octubre de 2011


Nadie es dueño
del calendario perfecto,
ni hombre ni mujer,
ni suegro ni yerno,
ni hija ni madre
dicen siempre lo correcto.

Nadie conoce
para cada acción
el mejor momento,
pero a veces la tardía
desborda el vaso lleno.

Destruye la presa
que soportaba
el desconsuelo,
corren las aguas
deshaciendo las calles,
las casas por dentro,
limpian el dolor
por incumplidos sueños,
y se llevan de la mano
las dulces caricias,
los bellos recuerdos,
todo lo bueno
hundido en el foso
por no saber
llegar a tiempo.

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