viernes, 24 de diciembre de 2010


Aquí estoy,

sentada en la cama,

sin miedo al frío,

por un felino arropada.

Sin miedo ni temor a ser helada

pues tenga esta fuente de calor

que embriaga mi alma.


Calor espiritual que traspasa las fronteras del cuerpo,

candor familiar que recuerda otro tiempo,

otras noches como esta,

otras navidades sin receta,

solo al calor de una hoguera

que alimenta a la tranquilidad

de una mesa llena.

De una casa caliente

tras ponerse la estrella de poniente

con mayor calidez

que la del Sol ardiente,

con una calidez bien diferente,

la del amor de la familia

siempre presente incondicionalmente,

más sentido en esta noche

en 24 de Diciembre,

al son de las campanas

de sonido tan alegre

por reunir millones de personas

que tanto amor se profieren.


Esa magia azul puro,

azul celeste,

en estas fechas me envuelve,

como espero que a todos

en estos días os llegue.



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