viernes, 7 de noviembre de 2008

Angustia

No puedo evitarlo, es superior a mí. Escapa, huye, corre, escóndete. La angustia que en ese momento siento sube por mi estómago, se almacena en mis pulmones, luego por mi corazón, sube por mi tráquea, se atranca sin poder, ni bajar, ni subir. La sangre entra y sale con dificultad, mi corazón se contrae más rápido de lo normal. Mis pulmones se encogen, no les llega el aire, no puedo respirar. Mi cuerpo experimenta una sensación de agobio, asfixie, angustia. Mis lacrimales se empiezan a inundar, pero mi cabeza no les deja actuar, mis ojos les impiden salir como en una celda se rinden por fin.
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